Ya sea para cultivarlos en el jardín, o en maceta para decorar una terraza, a la hora de seleccionar una especie de árbol frutal es muy importante tener en cuenta una serie de factores que te explicamos a continuación:

 El clima. El frío es uno de los mayores enemigos de las flores y los frutos. En una zona de clima continental, con fuertes heladas, algunas especies frutales —como por ejemplo los naranjos— no podrían sobrevivir al aire libre. Si además, estas heladas tienen lugar durante la época de floración, conviene elegir especies frutales que florezcan tarde, ya que, si hiela en ese momento, las flores seguramente morirían. Para este tipo de zonas son idóneos frutales como los manzanos, los perales o los cerezos. Y tampoco hay que olvidar el viento: los frutales deben protegerse con una pantalla de árboles o un muro.

Tipo de suelo. Ha de ser fértil, con buen drenaje, profundo, rico en materia orgánica, sin exceso de cal y no salino. Se puede mejorar con una enmienda de estiércol y arena. Las tierras arcillosas, que retienen mucha cantidad de agua, tampoco son muy recomendables.

La zona más alta del jardín, donde reciben luz solar directa, es el mejor lugar para plantar estos árboles. Los frutales recién plantados crecerán con más rapidez si no están expuestos al aire marino o a vientos fuertes.

Primer paso: plantarlos

Debes elegir un lugar soleado y amplio para plantar los frutales. Pueden situarse junto a una pared y podarlos en espaldera, de manera que sus ramas se peguen al muro. Así, el árbol estará más protegido y dará una buena producción de frutos. Si el muro recibe poca luz, será preferible elegir especies como el cerezo, el peral o el manzano.

En caso de que el árbol se haya comprado a raíz desnuda, es mejor recortar las raíces rotas o secas antes de plantarlo, y después despuntar aquellas que sean demasiado largas. Además, antes de plantarlo, se deben sumergir las raíces en un cubo o barreño lleno de agua destilada y tierra arcillosa, y mantenerlas un rato a remojo en la vivificante mezcla. Ya está listo para su traslado definitivo al jardín Antes de plantarlo, echa en el hoyo —cuanto más grande, mejor—, una mezcla de tierra extraída con estiércol. Además, es recomendable clavar en el fondo una estaca que permita sujetar al frutal hasta que arraigue. Ya está todo listo para introducir el árbol.

Segundo paso: cuidarlos

Los frutales en general necesitan abundante agua, sobre todo durante su primer año de vida. Tanto en primavera como en verano es muy importante realizar cavas para eliminar las malas hierbas, facilitar la recogida de agua y también airear el suelo.

Durante los dos primeros años de vida del árbol, se debe enriquecer la tierra con abonos ricos en nitrógeno, fósforo y potasio al principio de cada primavera. En invierno resulta imprescindible incorporar una capa de estiércol y mezclarlo con el terreno, pero procurando siempre que no entre en contacto con el árbol frutal.

Existen distintos tipos de poda. La de formación, que es totalmente imprescindible, se realiza durante los tres o cuatro primeros años y sirve para conseguir una forma adecuada. La poda de limpieza sirve para quitar ramas secas, chupones... Por último, la poda de fructificación permite eliminar las ramas que ya no dan fruto.

Tercer paso: evitar las plagas

Observa los árboles al menos una vez por semana.

Elimina las malas hierbas y los restos de la poda, ya que son viveros de parásitos.

Es importante desinfectar las tijeras y las sierras de la poda antes y después de usarlas.

Usa productos ecológicos para el control de algunas plagas y hongos. El empleo continuado de un mismo producto desinfectante puede generar cepas resistentes. Para evitarlo, lo mejor es alternarlo con materias activas.

Todos los órganos infectados deber ser quemados tras la poda.

Si la enfermedad alcanza las raíces de un árbol, es preferible arrancarlo y no volver a plantar en el mismo sitio, o bien utilizar patrones de injerto resistentes.

Ciertos insectos beneficiosos, como la mariquita de siete puntos, ayudan a eliminar plagas. Se puede potenciar su presencia con productos químicos inocuos como atrapa insectos con trampas de feromonas.